Baby shower a la española
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Conviene empezar por lo que no siempre se dice: el baby shower no es una tradición española. Viene del mundo anglosajón, ha llegado por las redes sociales y por las series, y está creciendo, pero no es algo que la mayoría de la gente en España haya vivido nunca antes de que se lo propongan.
Eso importa a la hora de organizar uno, porque el formato importado trae consigo unas expectativas que aquí no existen y unas costumbres que chirrían.
Qué chirría del formato original
Que sea antes del parto. En España hay una superstición bastante extendida —no universal, pero real— sobre no celebrar ni montar nada antes de que el bebé haya nacido. Mucha gente prefiere no tener la habitación preparada, y desde luego no celebrar una fiesta. Hay que preguntarlo, y hay que preguntarlo a la persona embarazada, no a su madre.
Que sea una fiesta para recibir regalos. El baby shower original es explícitamente eso, y en el registro social español una fiesta cuyo objeto declarado es que los invitados traigan regalos resulta incómoda. Aquí el regalo se lleva, pero no se convoca.
Los juegos. Adivinar la circunferencia de la barriga, catar potitos, adivinar el peso. Funcionan en un contexto cultural donde se conocen; en un salón español con la suegra presente, la mitad de los invitados va a preguntarse qué está haciendo ahí.
El “gender reveal”. Es otra cosa distinta y con bastante más rechazo, incluso en su país de origen. Mejor no mezclarlo.
Lo que sí funciona aquí
¿Qué queréis celebrar en realidad?
Antes del parto
Si la idea es acompañarla en las últimas semanas, el formato que encaja no es una fiesta con juegos: es una comida o una merienda tranquila, con poca gente, en su casa o cerca, y con la condición de que se pueda cancelar el mismo día. En el octavo mes hay días buenos y días malos.
Si hay regalos, que lleguen sin ceremonia, no como el eje del evento.
Después del parto
Es el formato que mejor funciona en España y el que menos se plantea: la misma reunión, pero a las cuatro o seis semanas del nacimiento, cuando la casa ya se ha calmado un poco y las visitas de urgencia han pasado.
Ventajas: el bebé ya está —que es lo que todo el mundo quiere ver—, no hay superstición que valga, se sabe qué falta de verdad y quien acaba de parir puede decidir si le apetece o no con información real.
Y una condición innegociable en este formato: la fecha la pone ella y se puede cancelar sin explicaciones.
Veredicto
Las tres reglas si lo organizas tú
Pregunta antes de convocar a nadie. A ella. No es una sorpresa que se prepare a espaldas de la persona a la que se dedica.
Que sea corto y con horario de salida. Dos horas. Una casa con un recién nacido no aguanta una tarde entera de gente, y nadie se va nunca a su hora si no se ha dicho a qué hora acaba.
Encárgate tú de todo lo material. Comida, bebida, recogida. Si la persona homenajeada tiene que preparar algo, no es un regalo: es trabajo con invitados.
Sobre los regalos en ese contexto
Si la reunión es después del parto, el regalo funciona mucho mejor: ya se sabe qué falta. Y si varias amigas queréis juntar dinero, es el momento ideal para llegar a las categorías que nadie más cubre — el objeto de uso largo, el servicio, la comida preparada para las semanas siguientes.
Nada de eso requiere copiar un formato de otro país. Es lo que se ha hecho aquí de toda la vida cuando nace un niño: ir a verlo, llevar algo y ayudar.