Regalar a la madre, no solo al bebé
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En las dos primeras semanas de vida de un bebé llegan a esa casa una cantidad notable de regalos, y prácticamente todos son para una persona que mide cincuenta centímetros y no se entera de nada.
La persona que acaba de parir, que está recuperándose de algo físicamente importante, que no duerme y que a menudo se siente invisible en su propia casa, no recibe nada. Y las personas que pueden corregir eso sin que resulte raro son pocas: la familia directa y las amigas de verdad.
Por qué importa
No es una cuestión de justicia distributiva de regalos. Es que el posparto es un momento con una carga física y emocional considerable en el que toda la atención se desplaza al bebé de golpe, incluida la de las visitas, que entran, preguntan por el bebé y se van.
Un regalo dirigido a la madre dice algo muy concreto: que alguien se acuerda de que ahí hay otra persona.
Lo que funciona
Comida. Encabeza la lista con diferencia. Comida hecha, en recipientes que no haya que devolver, que se pueda congelar y calentar con una mano. Es el regalo más útil que existe en el posparto y el menos glamuroso.
Cosas para las horas sentada. En las primeras semanas se pasan muchas horas sentada dando de comer, casi siempre en la misma posición y a horas raras. Un cojín bueno, una manta ligera, una botella de agua grande con boquilla, un soporte para el móvil, auriculares. Suena a nada y cambia el día.
Ropa cómoda de verdad. No un pijama bonito de escaparate: algo que se pueda llevar todo el día, que abra por delante si está dando el pecho y que aguante lavados constantes.
Cuidado del cuerpo sin promesas. Crema de manos —se lava las manos veinte veces al día—, cacao de labios, un buen champú seco. Nada que prometa “recuperar la figura”, que es la categoría entera a evitar.
Tiempo. Quedarte con el bebé dos horas. Es lo que más se agradece y lo que menos se ofrece de forma concreta. “Si necesitas algo me dices” no es una oferta; “el jueves a las cinco voy y me quedo con él” sí lo es.
Veredicto
Los tópicos que no funcionan
El vale de spa. Es el regalo típico de esta categoría y suele quedarse sin usar durante meses: requiere encontrar un hueco de tres horas, dejar al bebé con alguien y desplazarse. Con un bebé de dos semanas, es un regalo para dentro de un año. Si aun así te apetece, que no caduque.
Cualquier cosa que hable del cuerpo. Cremas reafirmantes, fajas, productos “para recuperar”. Aunque los pida ella, viniendo de fuera el mensaje que se lee es otro.
Las velas y los baños relajantes. Presuponen tiempo y baño largo. Es un regalo pensado para una persona que puede echarse una hora en la bañera.
El libro de crianza. Casa llena de opiniones, ya. Un libro de crianza regalado es una opinión con tapa dura.
Y al otro progenitor
Si hay una segunda persona en esa casa —pareja, coprogenitor—, es la única que no recibe absolutamente nada de nadie y a menudo se ha reincorporado ya al trabajo con muy poco sueño acumulado.
No hace falta un regalo aparte. Basta con que el regalo esté dirigido a los dos, o que la tarjeta lo nombre. Cuesta cero y se nota.
El regalo que se puede hacer meses después
El aluvión de regalos y visitas dura tres semanas. Después no viene nadie, y es justo cuando empieza la parte larga y más solitaria.
Aparecer en el mes cuatro con comida y con dos horas de disponibilidad no es llegar tarde: es llegar cuando no queda nadie. De todo lo que se puede regalar en un nacimiento, es probablemente lo que más se recuerda.