Regalo Recién Nacido

El regalo acertado según quién eres tú

El regalo que dura años y no depende de la talla

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El problema estructural de los regalos de nacimiento es que casi todos tienen fecha de caducidad corta: la ropa por la talla, los productos de higiene por el consumo, los juguetes por la edad. En dos meses, la mitad de lo que llegó ya no sirve.

Hay una categoría entera de regalos que escapa a eso, y es la que mejor encaja con el papel de un abuelo, porque nadie más va a hacerla.

Qué hace que un regalo no caduque

Tres características, y basta con una:

  • Que no dependa de la talla. Todo lo que no se pone encima del bebé.
  • Que crezca con el niño. Objetos regulables, o que cambian de uso.
  • Que se conserve. El recuerdo que se guarda, no el objeto que se usa.

Lo que dura de verdad

Objetos regulables de uso largo. La trona que pasa de bebé a silla de niño, la cuna convertible, la bicicleta sin pedales de altura ajustable, el asiento elevador. Se usan durante años y su precio por año de uso es ridículo comparado con el de la ropa.

La biblioteca. Un libro de tapa dura al mes durante los primeros años construye algo que ninguna otra categoría de regalo construye. Y tiene una ventaja añadida: no ocupa apenas sitio y no se rompe. Los libros de cartón para bebé se muerden, se tiran y sobreviven.

El objeto con nombre y fecha. Es la categoría que no admite duplicado por definición, y la que tradicionalmente corresponde a los abuelos y a los padrinos. Una pieza grabada con el nombre y la fecha de nacimiento no compite con nada de lo que traigan los demás.

Un apunte de taller sobre esto, porque hay diferencias reales que no se ven en la foto: lo que se graba en el propio material —madera, metal, metacrilato— sigue legible dentro de treinta años, mientras que lo impreso o pegado encima se despega o se borra. En un objeto que se compra precisamente para que dure décadas, es la diferencia que importa.

El dinero, bien planteado. Suena poco emotivo y es de lo más útil que puede hacer un abuelo. Abrir una cuenta o un plan de ahorro a nombre del nieto e ir metiendo lo que se habría gastado en regalos es un regalo que, a los dieciocho años, es real. Se puede acompañar de un objeto pequeño para tener algo que entregar.

Lo escrito. Una carta al nieto, guardada por sus padres para dentro de quince años. Un cuaderno donde se va anotando algo cada cumpleaños. No cuesta nada y solo lo puedes hacer tú.

Veredicto

Si quieres que tu regalo siga existiendo cuando el bebé tenga cinco años, elige entre cuatro categorías: algo regulable de uso largo, libros, un objeto grabado con nombre y fecha, o dinero que se acumule. Todo lo demás caduca.

Lo que parece duradero y no lo es

El peluche grande. Ocupa mucho, no se usa hasta los dos años y para entonces suele haber cinco. Además, no debe estar en la cuna durante los primeros meses, cosa que se explica en sueño seguro.

El álbum de fotos de papel sin rellenar. La intención es preciosa y el resultado, en la mayoría de las casas, es un álbum con cuatro fotos de la primera semana y ciento veinte páginas vacías. Si te apetece la idea, regálalo relleno: hazlo tú al año siguiente con las fotos que te vayan mandando.

La ropa de tallas grandes comprada con años de antelación. Es una trampa sutil: comprar talla 2 años cuando el bebé acaba de nacer parece previsión, y en la práctica significa acertar la temporada, la moda y el gusto de dentro de dos años. Casi nunca sale bien.

Los muebles. Repetido a propósito: en pisos pequeños, un mueble no es un regalo.

El único que no puede fallar

Si hubiera que elegir uno solo y sin información: libros de cartón. No dependen de la talla, no caducan, no se rompen, no ocupan espacio, no se duplican de forma molesta —tener dos libros iguales no es un problema— y funcionan desde los seis meses hasta los cuatro años.

Es el regalo con menos glamour de esta lista y el que más veces he visto acabar en las manos de un niño todos los días.

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